Hemos estado un día del puente de San José disfrutando de la amabilidad de los dueños de la Casa Joya, James y Mary, o mejor dicho de Jaime y María, como se hacían llamar. La casa está un poco alejada de la civilización pero eso es lo que la hace especial. Parece que te diriges al fin del mundo y que te has equivocado de camino, pero de pronto, encuentras la casa rodeada de almendros y campos. Nos alojamos en el apartamento Castaña y genial de decoración y confort. Todo muy limpio y ordenado..
El restaurante nos sorprendió gratamente pues no podíamos imaginar que íbamos a disfrutar de una cena tan exquisita y elaborada. "James, un diez, hace días que no degustábamos unos platos tan ricos".
Nos ha quedado un maravilloso recuerdo de la estancia en Casa Joya y por eso, desde aquí quiero agradecer a Jaime y María su amabilidad y desearles todo lo mejor en el futuro de Casa Joya.
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