El hotel tiene dos estrellas que no hacen justicia ni a sus instalaciones ni al trato que en él te dan, es un hotelito encantador, pequeño pero coqueto, con instalaciones sencillas pero suficientes para pasar un fin de semana o unos días de descanso más que agradables. El trato de sus dueños (hola Miguel) es muy bueno, las instalaciones están bien mantenidas y las habitaciones son suficientemente espaciosas como para que los tres (matrimonio y una niña de 7 años) estuvieramos perféctamente en la habitación. El restaurante tiene un servicio bueno, con una carta variada y bastantes referencias de vino. La verdad es que llegar después de haber pasado el día por las maravillas naturales de Soria (con frío y lluvia), y darte un baño en la piscina climatizada y tras una ducha irte a cenar a su restaurante es un magnífico lujo. El único pero que podríamos poner es que el tiempo no acompañó, pero la climatología y lo de que salgas en diciembre es lo que tiene... Prometemos volver.
|