Al llegar, nuestro asombro fué total. Ante nosotros teníamos: una casa impresionante, rodeada de un inmenso jardín que se extiende más allá de la casa, y delante, el mar!!! Y por detrás del mar protegiéndolo y coronándolo las montañas de Sierra Barbanza. Aquello es un lugar de ensueño, un auténtico PARAÍSO. Nosotros, no salíamos de nuestro asombro (y la dueña restándole importancia). Luego en el interior de la casa, el buen gusto se hace notar, las paredes de piedra contrastando con la madera y los clores cálidos de las telas que la visten, resulta una exquisitez. Decir además que esa casa y ese lugar, son un fiel reflejo de sus propietarios (Carmen y Luis), la misma grandeza, la misma...y sin ruido. Volveremos, una y otra vez, y otra, y otra.........
|