No podíamos escoger una palabra mejor para nuestra estancia en esta casa, concretamente en la "Haymah", nada parecía sobrar ni estar fuera de lugar, el paisaje, la temperatura, nuestros cuerpos y el alojamiento, todo en armonía. Cada rincón de la finca invitaba al disfrute, el mirador, el jardín japonés, el pabellón árabe, donde es imposible no dejarse seducir y balancearse en la hamaca que hay en él. Y como no recordar el jacuzzi y la piscina, con una temperatura de agua tan ideal. Sólo con ponerse la "candora" y dejarse llevar por la finca sin ningún rumbo con los sentidos receptivos ya merecía la pena estar allí. A esto hay que añadir la atención y discreción de Ivanka y Nicola, que nos cuidaba con sus estupendos desayunos.
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