Ayer, en el autobús, comentándole a un amigo nuestra estancia en El Nacimiento, me preguntó, después de deleitarse con mi relato, por qué se llamaba así. No podría tener otro nombre. Allí, realmente naces de nuevo al amor a la naturaleza, pura abundancia, a uno mismo y a seres, que como tú, comparten un estilo de vida tan auténtico basado en la sencillez y la ternura. A veces da un poco de pudor ser tratado con tanta familiaridad por alguien que acabas de conocer, temes entrar en esa intimidad tan grata que María y Adolfo saben ofrecer y lo haces de puntillas. Charlas a la hora del desayuno, paseos entre una hermosa vegetación de frutales y flores, baños en la piscina del manantial, olores, trinos... El Nacimiento alimenta los cinco sentidos regalando sensaciones de bienestar y armonía. Gracias por crearlo. Blanca.
|